Capítulo 1: Déjame entrar
-¿Me puede dejar aquí?- Le dije al conductor del bus.
Él solo me miró por el retrovisor y comenzó a desacelerar para después detenerse en una esquina frente a una panadería.
-Gracias- Susurré bajando del bus- Por fin estoy aquí- Respondí acomodando mi bolso de jeans en mi hombro.
Al fin era verano y le prometí a mi abuela que vendría y pasaría todas
las vacaciones con ella así que luego de hablarlo con mis padres y
recibir un sí por parte de cada uno, tome un bus desde Dublín hasta
Mullingar.
La casa de mi abuela estaba a unas cinco cuadras de
aquí, pero no conocía otro bus que hiciera este trayecto así que como
siempre tomé este bus y me decidí a caminar aquellas cinco largas
cuadras.
Esta esquina es diferente a cualquiera que haya visto anteriormente ya que tiene solo una salida.
Las veredas se juntan en forma de ángulo recto dejando en su
intersección un callejón de unos cinco metros de largo, no era demasiado
pero estaba un poco oscuro, ni modo esta era la única salida para salir
a la calle que debía seguir para llegar a casa de mi abuela.
Pasé el callejón y luego me encontré con aquella calle en curva que
luego se volvía en recta, en la parte curva no había casas solo había
varios locales como minimarkets y de reparación de objetos electrónicos
pero todos cerrados y abandonados, con los vidrios rotos y con la
pintura descascarándose. Es un poco extraña esta parte porque la vez
anterior que vine sola el cuento era el mismo, yo sola y la suciedad del
lugar, es raro que no haya nadie siendo que son las siete de la tarde,
bueno quizás es un poco tarde pero tampoco es cómo para que no haya
nadie en las calles, aun el sol alumbra un poco.
-Hola hermosa- Dijo un sujeto a mi espalda.
No lo vi solo seguí caminando e ignore totalmente su comentario.
-Es de mala educación no responder cuando te están hablando- Volvió a
decir el sujeto que por su voz debiese haber tenido unos “venti-algo”.
Hice caso omiso otra vez y apuré la constancia de mis pasos cuando
escuche como unos pasos andaban siguiendo mi rastro. No quise voltear a
ver quién era la persona que me seguía yo solo quería llegar sana y
salva a casa de mi abuela así que comencé a caminar más rápido aun.
-¿Por qué caminas tan rápido linda?- Preguntó una voz distinta a la anterior.
-No te preocupes que no mordemos- Rió otro además de los otros dos.
Sin pensar en nada me giré y vi como esos tres chicos que traían puesta
la capucha de su polerón y caminaban tan rápido como yo, esos idiotas
me estaban siguiendo quizás para qué.
-Solo queremos hablar contigo- Dijo el que primero me había hablado.
Sentí como sus pasos avanzaban y luego sentir como uno de ellos me agarraba del brazo.
-¡Suéltame!- Grité en cuando por fin había llegado a la parte recta de la larga avenida.
-No amor, por lo menos no hasta mañana- Sonrió.
-¡Te dije que me sueltes!- Saqué mi brazo de su poder inmediatamente de haberle pegado una patada en la canilla.
-¡Ah!- Se quejó el estúpido.
Al instante de oírlo quejarse por el golpe salí corriendo a toda
velocidad por la extensa calle. Volteé y ahí estaban los tres corriendo
tras de mí.
En ese momento sentí tanto miedo de lo que esos
tres imbéciles pudieran hacerme que saque fuerzas interiores para seguir
corriendo, ya estaba exhausta y aún faltaban tres grandes cuadras para
llegar a mi destino, no podía darme por vencida así que tuve que
cambiar mi rumbo y meterme por una de las calles adyacentes a la
avenida, giré mi vista hacia atrás y los había perdido de vista, pero no
por mucho ya que ellos de seguro me habían visto entrar a esta calle y
me seguirían de igual manera, ya no tengo opciones más para huir porque
me acabo de percatar que en unos trece metros más la calle se acaba,
¿Dónde está la gente cuando uno de verás la necesita? Y ¿Cómo es que no
haya nadie en las calles?
Me di vuelta y ahí estaban ellos
doblando hacía la calle ¡Estoy pérdida! Retomé mi curso y corrí con
todas mis fuerzas sabiendo que entre más avanzará más cerca estaría del
final de la calle pero no me rendiría sin antes haber jugado todas mis
cartas.
¡Piensa ______! Me grité a mí misma y ahí fue cuando
recordé las palabras que un día me dijo mi madre cuando yo no tenía más
de siete años: “Hija hay gente muy mala allí afuera pero como la hay
mala también hay buena, siempre habrá alguien que estará dispuesto a
ayudar, solo hay buscar y bueno si no lo hace siempre habrá otro, otro y
otro al que puedas pedirle ayuda” ¡Vaya oportuno momento para recordar
eso!
Sin darle más vueltas a las palabras doble hacia una casa
y comencé a tocar y a tocar la puerta pero no salía nadie así que corrí
hacia la linda casa blanca del frente y repetí mi acto.
-¿Sucede algo?- Preguntó la mujer del cabello rubio y corto viendo mi expresión.
-Por favor déjeme entrar- Dije llorando y mirando como ellos estaban a un par de metros.
La mujer vio lo que yo veía y al parecer entendió ya que me miró
alarmada y por los hombros me metió de un tirón dentro de la casa.
-¿Estas bien?- Tomo mi cara luego de cerrar bruscamente la puerta de la casa.
-Muchas, muchas, pero muchas gracias- La abracé.
-No te preocupes- Me apretó hacia ella- ¿Quieres un poco de agua?
-Por favor- Me separé de ella y sequé mis lágrimas.
-Ven conmigo.
La seguí viendo la linda casa que ella poseía, un lindo living bien
equipado y decorado y unas paredes color lavanda cubiertas de
fotografías y cuadros. Llegamos a la cocina, la cual al igual que toda
su casa era hermosa y grande.
-Toma asiento- Indicó la pequeña mesita que había en el centro.
-Gracias- Me senté viendo como llenaba un vaso de agua.
-Ten cariño- Extendió el vaso y se sentó al frente mío.
-Gracias- Di un gran sobo ya que estaba sedienta de tanto correr.
-¿Quieres contarme que paso?
-Está bien- Asentí dejando el vaso en la mesa- Iba a casa de mi abuela y
un tipo me empezó a hablar y luego otros dos aparecieron y empezaron a
seguirme, me alcanzaron y uno me agarro del brazo así que le pegué y
salí corriendo y llegué a aquí y toqué en una casa y nadie me abrió así
que desesperada llegué y toqué aquí y bueno usted me salvo de lo que sea
que me hubiesen hecho esos tipos- Tome entre mis manos el vaso otra
vez.
-Eso no debe haber sido agradable- Negué con la cabeza- Me alegró de que hayas buscado ayuda tocando la puerta.
-Claro, no podía darme por vencida tan fácil.
-Exacto, que esto te sirva para andar más preparada y cuidadosa por la calle.
-No creo que vuelva a salir más a la calle por un tiempo- Hice una mueca con la boca.
-¿Desde dónde te vienen siguiendo?
-Desde el principio de Pacific Street dónde están esas tiendas vacías.
-¿Estabas por ahí sola?- Preguntó preocupada.
-Sí.
-¿No sabes que es muy peligrosa esa parte? Hay se juntan muchas bandas a beber alcohol y a drogarse.
-No tenía idea- Me asombré un poco.
Ahí estaba la repuesta de qué porque no había nunca nadie en ese lugar,
para la próxima vez me informare antes de llegar a cualquier lugar y
ponerme en riego de esa forma.
-¿No eres de aquí?- Yo agité mi cabeza- ¿De dónde eres?
-Soy de Dublín.
-Ah…
-Enserio gracias por todo.
-Ya basta de gracias, creo que si alguien golpeara tu puerta por la misma razón tú hubieses actuado igual que yo.
-En eso tiene razón- Bebí el último concho de agua que quedaba.
-¿Cómo te llamas?
- _______.
-Me gusta- Sonrió- Yo soy Erin.
Dicho esto la luz de la cocina al igual que la de toda la casa empezó a parpadear.
-Creo que se va a cortar la luz- Se paró de la mesa- Iré a buscar velas. No te muevas de aquí.
-Está bien- Dije cuando ella se había ido.
Dicho y hecho, se cortó la luz y me quedé sentada todavía ahí en la
oscuridad esperando que Erin llegará con las imprescindibles velas, pasó
un minuto y nada, dos minutos y tampoco ocurrió nada pero cuando ya
habían pasado más de cinco fue cuando me desesperé y me hice presa del
pánico.
Me paré haciendo mucho ruido y cuando ya me puse de
pie comencé a caminar con rumbo incierto hacia donde sea que mis pies me
llevaran mientras con mis manos estiradas hacia el frente pretendía no
chocar de cara con alguna muralla o algo.
No avance mucho en
verdad de mi posición inicial por mis cálculos ya debería estar por el
pasillo casi llegando a la escalera, avance un poco más hasta que sentí
unos pasos en la cocina, quise devolverme hacia allá pero volví mi vista
al frente y con mis pies pise algo.
-¡Ah!- Gritó una voz masculina justo en el instante que se encendía la luz.
Estábamos a menos de cinco centímetros así que yo solo veía sus
hermosos ojos azules, él también me miraba fijamente, no fui consciente
del tiempo que pasamos mirándonos pero al parecer fue mucho.
-Él es mi hijo Niall- Volteé y estaba Erin en la entrada de la cocina mirándonos atentamente.
-Soy Niall- Dijo él manteniendo la misma distancia.
-Yo ______- Me aleje de él y pude ver completa su adorable cara sonriéndome.
Era tan tierno que daban ganas de abrazarlo y no soltarlo jamás, era tan pero ¡Tan adorable!