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4 mar 2013

novelas de Demi lovato cap # 3 FINAL

CAPITULO 3

Mis manos estaban temblando. Mi comida debía de haber sido contaminada con hongos o algo así. Y si había imaginado todo eso? Volví a salir. Había empezado a llover. Lincy estaba todavía allí de pie, empapada después de su baño en la fuente, refunfuñando con sus feas amigas.

Cuando ella me vio , dijo. Espero que el Sr Kerr te haya azotado el trasero.


-Quien? - confundida

-Nuestro maestro, tonto.-


Parpadee. No hemos tenia nunca un maestro llamado Sr Kerr. Le pregunte a Lincy de que estaba hablando. Ella solo puso los ojos en blanco y se alejo.

Vi al Sr Bunner sentado bajo su sombrilla roja, leyendo su libro, como si nunca se hubiera movido. Me acerque a el.


Miro hacia arriba, un poco distraído. -Ah , mi pluma. En el futuro haga el favor de traer su propio utensilio de escritura ___- Le entregue al Sr Bunner su pluma. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba todavía con ella.

-Señor, le dije. Donde esta la Sra. Dods?-

Me miro sin comprender. -Quien?-

- El otro acompañante. La Sra. Dods. La maestra de algebra.-

El frunció el ceño, inclinándose hacia adelante, viéndose ligeramente afectado. -- ___ no hay una Sra. Dods en este viaje. Por lo que yo se, nunca ha habido una Sra. Dods en la academia. Te encuentras bien? –


Yo estaba acostumbrado a esas ocasionales experiencias extrañas. Pero usualmente terminaban rápido. Esta alucinación veinticuatro/siete era más de lo que podía manejar. Por el resto del año escolar, todo el campus parecía estar jugando una especie de truco conmigo. Los estudiantes actuaban como si estuvieran total y completamente convencidos de que la Sra. Kerr había sido nuestra maestra de pre-Algebra desde Navidad.

De vez en cuando yo soltaba una referencia de la Sra. Dods a alguien, solo para hacerlos tropezar, pero ellos se quedaban mirándome como si yo estuviera loco.

Consiguiendo así que yo casi les creyera que la Sra. Dods nunca había existido. Casi. Algo estaba sucediendo. Algo había sucedido en el museo. No tuve mucho tiempo para pensar en ello durante el día, pero en las noches, visiones de la Sra. Dods con garras y alas de cuero me despertaban sudando frío.

El clima extraño continuó, lo que no ayudó con mi humor.

Una noche, una tormenta estalló las ventanas de mi dormitorio. Pocos días después el tornado más grande de todos los tiempos aterrizó en el Valle de Hudson, a solo cincuenta millas de la Academia san diego. Uno de los acontecimientos de la actualidad que estudiamos en Ciencias Sociales fue el número inusual de pequeños aviones que había caído en el Atlántico repentinamente este año.


Empecé a sentirme irritable y de mal humor la mayoría del tiempo. Mis calificaciones bajaron de D a F. Me metí en más peleas con Lincy Bobofit y sus amigos. Me sacaron del salón en casi cada clase. Finalmente, cuando nuestro Profesor de Castellano, el Sr. Nicoll, me preguntó por millonésima vez porque yo era tan perezosa para estudiar para las pruebas de deletreo, estallé. Lo llamé viejo arrugon. El director le envió a mi tía una carta la siguiente semana, haciéndolo oficial: Yo no sería invitado a volver el siguiente año a la
Academia Lincy. Bien, me dije a mí mismo. Perfecto. Estaba nostálgico.


Quería estar con mi tía en nuestro pequeño departamento en el extremo este de la ciudad, incluso si tenía que ir a una escuela pública y soportar a mi obstinado tío y sus estúpidos compañeros de póker.



Y aún así… había cosas que extrañaría de san diego. La
vista de los bosques desde la ventana de mi dormitorio, el río Hudson en la distancia, el olor de los árboles de pino.

Extrañaría la clase de latín también –el torneo loco del Sr. Bunner y su fe en que yo podía hacer las cosas bien.

Mientras los exámenes se acercaban, latín era el único para el que estudiaba. No había olvidado que el Sr, Bunner me dijo que este tema era de vida o muerte para mí. No estaba seguro porque, pero había empezado a creerle.


La noche antes de mi final, me sentí tan frustrado que lancé la Guía de Cambridge de la Mitología Griega a través de mi dormitorio. Las palabras habían empezado a saltar fuera de la página. No había forma que yo fuera a recordar la diferencia entre Chiron y Charon, o Polydictes y
Polydeuces. Y conjugar esos verbos en latín? Olvídalo. Atravesé el cuarto, sintiendo como si hormigas se pasearan dentro de mi camisa.


Recordé la expresión seria del Sr. Bunner, sus ojos con la sabiduría de miles de años. Aceptaré solo lo mejor de ti __
__. Tomé un respiro profundo. Recogí el libro de mitología.
Nunca le había pedido ayuda a un profesor antes. Quizás si hablaba con el Sr. Bunner, él podría darme algunos consejos. Al menos podría disculparme por la gran F que estaba a punto de sacar en su examen. No quería dejar la academia, con él pensando que yo no lo había intentado.
Bajé las escaleras hacia las oficinas de la facultad. La mayoría estaban oscuras y vacías, pero la puerta del Sr. Bunner estaba entreabierta, la luz desde su ventana se extendía por el suelo del pasillo.


Estaba a tres pasos de la manija de la puerta cuando oí voces dentro de la oficina. Había un hombre que preguntaba algo. Una voz que era definitivamente la del sr Bunner decía………preocupado por ____, señor.

Me congelé. Usualmente no ando espiando, pero te reto a no escuchar si pudieras oír a tu profesor hablándole de ti a un desconocido.


Me acerqué un poco más.


-…solo este verano- estaba diciendo Bunner. -Quiero decir, Una amabilidad en la escuela! Ahora que estamos seguros, y ellos también…. -

-Solo empeoraríamos las cosas presionándolo- dijo el hombre- Necesitamos que la chica madure más-

-Pero ella quizás no tenga tiempo. El solsticio de verano es el límite-

- Tendrá que resolverse sin él, Bunner. Déjalo disfrutar su ignorancia mientras todavía puede-

-Señor, ella la vio…-

- Su imaginación- insistió el hombre. -La niebla de los estudiantes y el personal será suficiente para convencerlo de eso. -

- Señor, yo………..yo no puedo fallar en mi deber otra vez-


La voz de Bunner estaba ahogada por la emoción. Usted sabe lo que eso significaría.


- Tú no has fallado, Bunner- dijo el hombre amablemente. Debí darme cuenta de lo que era. Ahora solo preocupémonos de mantener a ___ viva hasta el próximo otoño-


El libro de mitología se cayó de mi mano y golpeó el suelo con un ruido sordo. El Sr. Bunner calló. Mi corazón martilleaba, recogí el libro y me eché hacia atrás en el pasillo.

Una sombra se deslizó a través del cristal iluminado de la puerta de la oficina del Sr. Bunner, la sombra de algo mucho más alto que mi profesor en silla de ruedas, sosteniendo algo que lucía sospechosamente como un arquero.

Abrí la puerta más cercana y me deslicé hacia adentro.

Unos pocos segundos después oí un golpeteo lento clop-clop-clop, como bloques huecos de madera, luego un sonido como un animal resoplando justo fuera de mi puerta.

Una gran y oscura sombra se detuvo frente al cristal y luego continuó. Una gota de sudor corrió por mi cuello.

En algún lugar del pasillo, el Sr. Bunner habló -Nada- murmuró él. -Mis nervios no han estado bien desde el solsticio de invierno.-


Vuelve al dormitorio, le dijo al Sr. Bunner.

Las luces se apagaron en la oficina del Sr. Bunner. Esperé en la oscuridad por lo que parecieron horas.

Finalmente, salí al pasillo y me encaminé hacia mi cuarto. No entendía lo que había oído abajo. Quería creer que lo había imaginado todo.

Pero algo si estaba claro: el Sr. Bunner estaban hablando de mí a mis espaldas. El pensaba que yo estaba en alguna clase de peligro.

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